"Hay muchas exparejas de mente perversa que anteponen su deseo de venganza al amor a sus hijos"

Por Fundación Filia|28 agosto, 2015|Prensa|

Donostia. “El manipulador, padre o madre, carga la escopeta, y el niño dispara”, describe Eva Paz, coordinadora en el País Vasco de la fundación Filia, que ofrece ayuda en esas tensas relaciones familiares en las que los hijos acaban siendo perfectos desconocidos para sus padres tras un divorcio. “Nunca debemos olvidar que los menores son las víctimas”, recalca la portavoz de esta agrupación, que atiende cada mes 90 consultas en el País Vasco. “Son niños huérfanos de padre o madre en vida, y lo deseable en estos casos es que el hijo madure”, sostiene.

“Si te vas con la ama, no me vuelves a ver”. Qué frase más dura. ¿Se repite con frecuencia?

Hay diferentes maneras de manipular. Una puede ser directa como esa, pero hay otras más sutiles mediante las cuales se provoca en el menor un rechazo hacia la otra parte, bien la madre o el padre.

¿Siempre buscando ese daño?

Sí. Se emplean para ello diferentes estrategias. El único fin es que el menor acabe rompiendo el vínculo con el padre o la madre.

¿Es duro convertirse en una desconocida para un hijo?

Es muy duro. No hay cosa peor que vivir el rechazo del hijo. Conviene recalcar, además, que con ese chaval existía una buena relación, hasta que llega el divorcio.

¿Y qué ocurre a partir de ahí?

Se les involucra a los hijos en temas de adultos y, les distorsionan la realidad. Los menores empiezan a escuchar reproches, insultos y amenazas. “Tu madre no te quiere”. “Tu padre te ha dejado de querer”. El hijo se convierte en el arma arrojadiza utilizada por personas movidas por la venganza que solo una mente perversa puede llevar a cabo. Anteponen su deseo de venganza al amor a sus hijos.

La fundación que coordina se presentó hace unos meses. ¿Cuántas personas han contactado con ustedes?

Desde junio, hemos recibido unas 4.000 consultas de todo el Estado, y atendemos unas noventa consultas cada mes en Euskadi. Nos llegan casos desde Venezuela y Argentina, de donde nos llaman muchísimo.

¿Desde Venezuela y Argentina?

Sí, a través de las redes sociales estamos contactando mucho.

¿Y qué hay detrás de esas llamadas?

El principal motivo de consulta llega tras el divorcio, cuando una de las partes comienza a experimentar el rechazo del hijo. El menor ha oído un sinfín de insultos y amenazas, y acaba completamente envenenado por el padre o la madre. No solo rechaza a la otra parte, sino a toda su familia extensa. Así, deja de ver a los abuelos, a los tíos y amistades de ese padre o madre. Es un rechazo total al 50% de la familia.

Vaya drama…

Sí, con unas consecuencias muy fuertes sobre los menores. A los hijos hay que educarlos en el amor y no en el odio.

¿Cuáles son esas consecuencias?

Se les enseña a mentir en un juzgado. Hay menores con baja autoestima, adicciones gravísimas a videojuegos, trastornos de personalidad, remordimientos, desorientación, una alteración de la escala de valores, depresiones… Incluso puede haber casos de suicidios cuando no son capaces de asumir lo que han hecho a sus padres.

¿Y ustedes qué pueden hacer, dada la complejidad de todo ese proceso?

Tenemos un teléfono de ayuda. Las personas que empiezan a tener sospechas de lo que puede estar ocurriendo que llamen al teléfono de ayuda. Les escuchamos, y de ahí les derivamos a un equipo jurídico o psicológico. Hay quienes llegan destrozados, y necesitan escuchar la explicación de lo que está ocurriendo. Luego llega la parte jurídica, aunque existe un vacío legal impresionante y en muchas ocasiones poco se puede hacer.

¿Cuántos niños pueden estar siendo manipulados actualmente en Gipuzkoa?

Es muy complicado ofrecer una cifra. Tenemos estadísticas a nivel estatal por las cuales sabemos que se abren unos 150.000 procesos judiciales de divorcio al año, de los que el 30% vienen a ser de tipo contencioso. Casos en los que las familias acaban a cuchillo. En Euskal Herria hay una concienciación creciente de este problema, en buena medida, gracias a los medios de comunicación.

A muchos padres y madres les hará falta referencias…

Claro. Necesitan saber que no es que su hijo no les quiera, sino que está siendo víctima de una manipulación que hay detrás.

¿Lo viven con culpa?

Sí. Hay mucho desconcierto. Se preguntan qué pasa con ese hijo que les adoraba. La relación era maravillosa hasta que llega el divorcio y todo se va al traste. Manipular la voluntad del hijo tiene la misma gravedad que una agresión física. Es un concepto que debe quedar claro. Estamos hablando de menores, y manipulación es igual a agresión.

¿Quién manipula más, las madres o los padres?

Se puede hablar de que la cosa está repartida en un 50%. Es verdad que cada vez hay más madres que nos llaman, pero es un fenómeno que se produce indistintamente. No es cuestión de género sino de malas personas que no conceden el permiso a sus hijos de disfrutar del padre y la madre, algo tan necesario para que emocionalmente crezcan sanos. Siempre hay un mismo perfil…

¿Qué perfil es ése?

Personas prepotentes que siempre se creen en posesión de la verdad. Tienen don de gentes, encandilan y engañan. Son muy mentirosas y narcisistas…

¿El caso de José Bretón sería esa perversidad llevada al extremo?

Es pasarse todos los límites, llegar a matar a los hijos por vengarse de su expareja. En general, no creo que esos padres y madres que manipulan no quieran a sus hijos, pero anteponen la venganza personal. Es mucho más fuerte el daño que quieren hacer a la otra parte que el amor a sus hijos.

Y el deseo de venganza no tiene límites…

Exactamente. Lo único que se puede esperar en estos casos es que el hijo madure y se de cuenta del amor y del dolor que hay en el otro lado desde que decidió enterrar en vida a uno de sus progenitores. Son niños huérfanos de padre o madre en vida.

¿Y los hijos acaban despertando a la realidad?

Uno de los aspectos positivos de todo este proceso es que hay hijos que empiezan a volver a casa y reconocen lo que les ha pasado. En concreto, conocemos el caso de una hija que fue manipulada y forma parte del equipo psicológico de la fundación. Fue una niña alienada, y está dando actualmente mucha esperanza a los demás afectados. Les cuesta dar el paso. Tienen miedo a la otra parte porque saben que, de hacerlo, van a levantar ampollas.

¿Es cierto que hay chavales que para los diez años ya recitan el Código civil cada vez que hay una disputa, repitiendo lo que han escuchado a sus padres?

Sí, eso es cierto. Se saben el Código civil porque les han comido la cabeza de tal manera que al final los niños asumen ese papel, y se convierten en transmisores. Son armas arrojadizas contra el otro. El manipulador carga la escopeta, y el niño dispara. Nunca hemos de olvidar que los menores son las víctimas, que hay que tener mucha paciencia con estos niños, sobre los que hay que poner siempre la mirada.

¿Qué mensaje le gustaría trasladar?

Que, pese a todo, hay esperanza. Me gustaría decirles a las familias se pongan en contacto con nosotros en cuanto noten que pueda estar surgiendo algún problema de este tipo. Afortunadamente, hay menores que están empezando a salir de esto, y con ese fin hemos comenzado a organizar talleres con los afectados, como el que tuvo lugar en febrero en Madrid. A partir de ahora nos gustaría seguir trabajando en esa misma linea.

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