Maltrato Infantil

QUÉ ES MALTRATO INFANTIL

MALTRATO INFANTIL

O violencia intrafamiliar es toda acción u omisión cometida en el seno de la familia, por uno o varios de sus miembros, que, de forma continuada, ocasione daño físico o psicológico a otros de sus miembros, que menoscabe su integridad y cause un serio daño a su personalidad y/o a la estabilidad familiar.

QUÉ ES MALTRATO PSICOLÓGICO INFANTIL

MALTRATO PSICOLÓGICO INFANTIL

Es consecuencia de una perturbación mental de uno de los progenitores. Surge cuando uno de los progenitores no ha superado el duelo de la separación y hace partícipes a sus hijos de los problemas en la pareja que ha forzado su ruptura, haciéndoles tomar partido, triangulándoles en el conflicto de la pareja.

 

Es en estos casos cuando decimos que lo que opinan los menores está sugestionado y/o mediatizado por su progenitor, formando alianzas a favor de uno u otro, entrando pues en la disputa como si fueran uno de los adultos.

Este comportamiento induce con frecuencia sentimientos de indefensión, abandono, rechazo, ira, odio, resentimiento, culpabilidad, e inseguridades, que provocan frecuentemente estados de ansiedad y depresión que los acompañarán toda su vida si no se tratan adecuadamente.

LA MANIPULACIÓN INFANTIL, OTRA FORMA DE MALTRATO

Así comienza la manipulación:

Los 7 errores más comunes que comenten los progenitores durante el divorcio y que pueden derivar en una situación de maltrato, si persisten y se incrementa la presión, son:

Compartir con los hijos su irritación hacia el otro progenitor.
Trasladar hacia los hijos el enfado que se siente hacia el otro.
No responder a las necesidades de los hijos por estar demasiado ocupados con sus propias necesidades.
Intercambiar confidencias con los hijos como si fuesen adultos y como iguales, en lugar de proporcionarles los límites apropiados a la relación progenitor/hijo.
Utilizar a los hijos mayores como “cuidadores” de los más pequeños.
Ver a los hijos como “propiedades”.
Utilizar a los hijos como comodines emocionales.

Así continua:

El control que el “manipulador” practica hacia el niño no tiene por qué ser expreso, ni estar explícito en su discurso.

Las estrategias de control más efectivas  son aquellas que no están claramente expuestas.

La posibilidad implícita de perder al “manipulador”, si no son “fieles” a sus deseos de rechazar al otro, es suficiente. Porque el niño depende emocionalmente de él (o ella).

Es una amenaza a su propia supervivencia física lo que está en juego.  El plato de comida, el juguete o el beso de buenas noches puede estar en peligro, y para un niño ese es todo su mundo.

Aprenden desde pequeñitos que las sentencias judiciales pueden incumplirse y que apenas ocurre nada, porque no tiene consecuencias.

Aprenden a manipular, a torcer la realidad o directamente mentir y que esas conductas tienen una fuerte recompensa en casa de uno de sus progenitores. La inmediata: la reducción de la ansiedad.

A largo plazo: conseguir objetivos personales que a ellos les motiva, bien emocional – sentirse querido o aceptado- o materiales – una videoconsola.

Cuando llegan a la adolescencia, pueden elegir repetir esta forma de comportarse, aprendida en su entorno familiar, a otros entornos como el social o, más tarde, el laboral. Y así nos encontramos con una nueva generación de maltratadores que, apoyados en su aprendizaje vital, establecen estrategias de control para relacionarse con los demás.

 

Desde muy pequeños los niños leen la tensión, son capaces de percibir el deseo que tiene el adulto que les interroga y lo satisfacen, con tal de protegerse si perciben que no son libres de contar la realidad. Esto incluye mentir o, mejor dicho y considerando la situación en la que nos encontramos, relatar una versión acorde con lo que quiere oír el “manipulador” o “manipuladora”.

Por supuesto, todo episodio que vaya en contra de la realidad que «debe ser», según los criterios impuestos por el progenitor con el que vive, será convenientemente modificada por el niño, ajustándola a los deseos de aquel.

Esta presión psicológica es tan poderosa que alcanza a la propia y directa experiencia del niño, obligándoles a ponerla en entredicho y alterándola.

Con el paso del tiempo, y las distintas acciones de manipulación, los recuerdos, las experiencias y emociones que de ellos se derivan, pierden los límites, fusionándose y provocando una sustitución como reacción: modifican sus recuerdos por las sensaciones y emociones que les provocaron.